He tenido el mismo sueño recurrente.
Recuerdo las pisadas sobre la madera
desvencijada,
hasta verte entre la niebla que
parecía entretejerse
en el marco de la ventana.
No pude emitir ni un sonido. Estabas
casi junto a mí.
Te sentí.
Me mirabas fijamente sin decir
nada.
Sólo se
escuchaba el suspiro del viento, silbido cortante.
Alcancé a dar un paso cuando,
inmediatamente,
me paralizó el intenso desconcierto
que me había carcomido antes.
Ya no estabas.
Quedé sola en medio de la habitación.
Corrí hacia la ventana apartando las
piernas que flaqueaban
y al palpitante pecho.
Y lo que vi…
No podría describir lo que vi.